MONSTRUO-ERRITUALAK
RESOPLADORES
Suelen aparecer tirados por el suelo, entre la hojarasca del bosque, al lado de los cubos de basura, también cerca de carreteras y edificios. Al principio no se distinguen muy bien, tienen colores ocres-cenicientos, marrones, grisáceos y apenas se les intuye movimiento, parecen bultos de maleza mezclada con barro. Antes eran humanos, pero les empezaron a salir algunos apéndices con formas que recordaban a raíces. Eran unas prolongaciones que no se agarraban al suelo, pero hacían con que se desplazaran más despacio y tuvieran más apoyos. La realidad es que permanecen más tiempo parados que en movimiento, y cuando se mueven lo hacen con lentitud. Se alimentan a través de una combinación entre el filtrado especifico de los minerales en el aire y una simbiosis con cierto hongo que se instaló en su epidermis. Su aparato nariz-garganta captura micropartículas que lxs alimentan. Respiran energéticamente produciendo un calor en su garganta que filtra esas partículas directamente a la sangre. Es una mutación que propicio que el sistema digestivo dejara de consumir tanta energía y la lentitud fuese ganando espacio. Todo empezó con una hambruna y con la escasez de agua, pero eso fue hace mucho tiempo, lo cierto es que tuvieron que abrir los poros, dejarse cambiar de forma, ralentizarlo todo para sobrevivir.

En ese amor por ralentizarse por ir parando por respirar con otra naturaleza fueron perdiendo su verticalidad. Así, con el tiempo, su estructura ósea y muscular se organizó de una manera específica para rodar como un cardo seco, o como una bola de hojarasca, arrastrada por el viento, en el desierto de Sonora. Rodar también es dejarse llevar, adaptar la forma para que la empujen otras fuerzas. Algunas zonas se curvaron y se escarificaron dando lugar a pequeñas placas óseas superficiales. Las células que las componían tuvieron que ir elaborando alianzas con el exterior, el cambio de posición y de ritmo requería cambios celulares. Se dio un intercambio, esos cuerpos en transición dejaron que algunos hongos entraran en las capas superficiales de la piel y se extendieran para así ayudar en los cambios de digestión y asimilación de alimentos que este cuerpo-rastrojo necesitaba. Una digestión por filtración que funcionaba por la succión desde las superficies. El cuerpo rodante y lento, cubierto de líneas y manchas anaranjadas donde se congregan estos hongos simbióticos, busca entonces zonas en putrefacción del paisaje o lugares con mayor aglomeración de materia orgánica donde se detiene y enraíza por un tiempo determinado. En ese enraizar, las hifas de los hongos, en contacto al suelo, se extiendan como micro-tentáculos diluyendo la materia con sus químicos para después absorberla, en esa modalidad maravillosa de digestión externa.

En esas pausas el cuerpo detecta y aprende el ambiente, está parado pero es un hervidero de escucha, comunicación y aprendizaje. La temperatura del aire, los sutiles aromas que indican la cantidad de humedad presente en este y de donde proviene, la composición de la tierra, los sonidos subterráneos, las señales de los parientes cercanos que llegan en modo de olores y vibraciones rítmicas. Esas semi-quietudes son momentos en que las hifas hacen su trabajo, adentrándose y descomponiendo la materia en alimento. Entonces, el organismo general activa su respiración fogosa, se hiper-oxigena. Produce un flujo respiratorio caliente que toma partículas acuosas del aire las evapora y asimila las sales que son uno de los elementos de intercambio con los hongos. También extrae algunos oligoelementos esenciales. Se da una doble conexión en esos cuerpos, al mismo tiempo entran en la tierra enraizando sus hifas y filtran el aire con el aparato nariz garganta sensible.

Después, cuando toda esa actividad alimenticia cesa, descansan, se ablandan, las hifas se sueltan y se retraen hacia adentro, el cuerpo gira levemente hasta quedar estático, camuflándose como si fuera un pedazo de madera muerta con sus ramas y sus raíces al descubierto. Intenta pasar desapercibido.

Lo que antes eran brazos y piernas tienen una textura más maderosa, redondeada en sus cantos y cubierta en zonas por pequeñas placas óseas curvas que facilitan las rodadas. Hay extensiones en forma de raíces saliendo de la espalda, del pecho y por el cuello, son pequeñas saliencias de 20 a 30 centímetros que sirven de apoyos extra en los momentos en que las hifas se activan para absorber nutrientes.
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